Que cartas tan bonitas mes escribes corazón, ya mismo estoy ahí con tigo, sonriendo por la mañana y por la noche, siempre a tu lado, te quiero mucho y no sabría que hacer sin ti.
Cristina.
Tú eres mi vida entera, mi ilusión, la que hace que me levante todos los días con una sonrisa, tú lo eres todo, gracias por hacerme tan feliz porque sin ti mi vida sería un aburrimiento, te quiero y eso no lo puedo negar, siempre pienso en ti y ya no es como novia si no como amiga tú eres quien me ayuda y quien me pone los vellos de punta, tú me haces sentir especial y siempre que me coges de la mano yo intento agarrarme fuerte a ti y vivir una aventura, porque yo hago todo… pero a tu lado.
Miguel.
Joder, así como quieres que no me ponga a llorar, si te quiero tanto… tú haces que mi vida tenga sentido y que no me vaya por el mal camino, tu a mi no me tienes que dar las gracias, yo soy la que te tiene que dar las gracias a ti, tu me haces vivir.
Cristina.
Mis padres también me enviaron alguna que otra carta.
Cariño, por favor come y abrígate, que he visto por la televisión que hace mucho frío, llámanos todos los días, que hace mucho que no sabemos de ti, te queremos.
Tus padres.
Hermana, tráeme un regalo por favor, te echo de menos y espero que te lo estés pasando bien.
Tu hermano.
Que si tranquilos estoy comiendo y me abrigo, papá tranquilo que estoy estudiando y enano te voy a traer el mejor regalo que puedas tener. Os quiero.
Cristina.
Y todo se acabó pasaron los dos años y por fin volvería a Córdoba, mi gordo tendría ya veinte años, igual que yo y mi hermano dieciocho, madre mía que mayor.
Tenía ganas de llegar a casa, ¿Qué habría pasado mientras estuve fuera?
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